el blog

Empecé a pensar en este espacio porque me aburro fácil. La rutina de los días me aplasta, me angustia, me liquida. Me marchito. Me ahoga saber cómo arrancan las mañanas; las corridas para despertar a todos y llegar a tiempo al jardín; siempre saber que no voy a llegar a tiempo; escuchar las mismas frases de mis padres cuando les vuelvo a afirmar que no, que no leo diarios; rutinas de baño, cena, cuento y sueño de mi hija. A todo este combinado que todos conocemos bien y que no tiene sentido seguir precisando lo llamo La vulgaridad de los días.

Alguna vez estudié en la facultad que los escritores del formalismo ruso hablaban de la automatización del lenguaje. Desde una visión artística describían situaciones de la diaria que están tan incorporadas que se vuelven automáticas, altamente olvidables: ¿Me lavé los dientes? ¿Apagué el gas? ¿Tomé el remedio?

Ellos rompieron con ese patrón creando una nueva manera de percibir objetos, acciones, situaciones. Describían actos muy simples de manera extraordinaria, preciosista, exagerada. Por ejemplo, un protagonista se despierta y descubre su imagen frente al espejo del baño como si fuera la primera vez. A este recurso lo llamaron extrañamiento y es mucho más complejo y rico que mi definición. Me pareció fantástico y lo tomé prestado.

La vulgaridad de los días es la enciclopedia personal de herramientas y observaciones que fui desarrollando para que la rutina no se me vuelva en contra. Donde yo misma puedo cambiar la percepción de mis horas, plantear momentos muy punk, lados B, redimensionar instantes que podrían ser insignificantes y otros pequeños escapes que le dan sentido a todo. Pueden ser tan simples como celebrar un Piscofest un martes cualquiera, escuchar muy seria una discusión agitada sobre reptilianos y otras teorías antidarwinistas, enseñarle a mi hija de 5 años que ella es libre de elegir como quiere que sea su dios y otras tantas correrías que irán surgiendo en este humilde ensamble de ceros y unos.

Es mi manera de romper el hechizo de la Hummer que me pasa por arriba si dejo que los días sean y se vean como módulos de tiempo repetidos y vacíos de intención.